sábado, 23 de noviembre de 2013

Viajero incesante

Desde que salí de aquel banco mi vida cambió por completo. Allí estaba limpio, pulcro, inmaculado, virgen. Ahora viajo constantemente de un lugar a otro, de aquí para allá, sin parar. Por eso me siento tan sucio y manoseado. A veces permanezco en un sitio días y semanas, y otras...otras tardo minutos en teletransportarme a lugares completamente diferentes. 

Sin embargo, es curioso. Antes nadie me hacía caso, estaba allí, tranquilo, rodeado de otros como yo; y ahora, la gente se pelea por tenerme, tocarme y usarme. Esa es la palabra: "usarme". La gente me mangonea como quiere, me cambia e intercambia; y ellos son felices así, haciendo conmigo lo que se les antoja. En ocasiones, cuando consiguen algo a cambio, me miran con cara de felicidad; otras veces veo en ellos cara de tristeza cuando ven que desaparezco ante sus narices. 

Así vivo yo, en la incertidumbre de no saber si proporciono tristeza o felicidad. En la incertidumbre de no saber cuánto valgo. 

Lector, no estés triste por mí, no es que tenga la autoestima baja, es que soy un simple billete de 20 euros.

B. A. 

viernes, 22 de noviembre de 2013

Salteado de sueños

Son las 6,00. Suenan los cañones en el fondo del armario. Cinco tiros en mi espalda. Todo permanece oscuro. Son las 7,00. No miro más el reloj, pero siento que me estoy quedando dormido. Un libro se cae desde lo alto y lo reconozco. Son las 8,00. Aún me queda tiempo para seguir en la cama. He perdido el tren, veo a lo lejos cómo se pierde en el horizonte. Triste hombre, triste, triste. Son las 9,30. ¡Oh, no! ¡Me he dormido! Pero no tengo prisa, tengo tiempo suficiente para despertar, para vestirme, para el café de las 10,00 y para la lectura de las 10,30. Son las 8,30. Mis sueños me traicionan. Es temprano, definitivamente, puedo seguir soñando.



Por: El guardagujas.

viernes, 15 de noviembre de 2013

¿Libertad o sistema?

Nazcamos libres, sin presiones, sin cargas, sin tener que preocuparnos de que el despertador esté puesto a la hora que nos tengamos que levantar por el deber que sea. Un mundo donde no existan facturas, deudas, impuestos... una verdadera utopía.
Qué bien no tener que estar condicionado al compromiso, no depender de nadie ni de nada, como en los viejos tiempos cuando éramos primitivos. Pero, qué pasa si tuviéramos que cazar nuestra propia comida, curar nuestras propias enfermedades, construir nuestras casas, hacer fuego cuando pasemos frío, -sobrevivir y proteger- la ley del más fuerte. Puesto que hablamos de la libertad en estado puro nos damos cuenta de que la maldad es evidente y si el mas fuerte gana entonces sería una dictadura del mal, ¿no? Siempre está presente en cualquier sistema. Puesto que estamos en un sistema sujeto a unas reglas de juego establecidas que debemos cumplirlas para que la mayoría estemos satisfechos.
¿Estar en un sistema nos hace sentir en una jaula? No, porque a pesar de estar condicionados con el compromiso, es de nuestra responsabilidad hacerlas ya que afecta directa e indirectamente a cada uno de los del sistema que se esté gobernando, un claro ejemplo sería: qué pasaría si el basurero no recogiera la basura por un día, la suciedad reinaría en la ciudad. Pero nadie le va a privar la libertad de sus actos.

Entonces, ¿es justo que haya corrupción, violencia y maldad en el sistema actual en el que gobernamos? No es justo, ni tampoco se puede abandonar el sistema actual, ya que dependemos de cada individuo compuesto en él. Por lo tanto, la libertad idealizada, esa Utopía soñada, no puede darse. El mal siempre estará en todas partes. Simplemente debemos vivir y sentir lo que nos rodea siendo conscientes de que nosotros tomamos las decisiones, puesto que el mal es un hecho existente e inevitable pero está en nosotros hacer de un mundo mejor, enseñando y compartiendo la felicidad.  Todo lo ajeno a nuestra voluntad será un problema, un odio innecesario que sumar.


Por: Adrián Corrales Cragg
       A.C.C.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Accidente en la M30

El viento esparcía de forma violenta las llamaradas del primer vehículo. Se hallaba empotrado contra una grúa, por suerte, sin mercancía alguna. Anuncios de publicidad cubrían la M30. El segundo vehículo tenía prisa, no esperó a que el primer vehículo se apartara para poder adelantar en el carril de aceleración cuando se lo llevó por delante. El segundo vehículo no se encontraba en llamas, tan solo había derrapado unos cuantos metros. El conductor estaba bien, únicamente heridas leves. Todos se temían lo peor mientras observaban al conductor del segundo vehículo con 'Sweet emotion' de Aerosmith a todo volumen. Ni siquiera perdió el conocimiento. Una Coca-Cola de 33 cl. se había derramado sobre su cintura. Al contrario, el conductor del primer vehículo fallecía antes de que el servicio de Emergencias pudiera llegar al lugar de los hechos. El conductor fallecido era un hombre de 66 años que se dirigía al colegio a recoger a sus nietos. Jamás llegaría al lugar del encuentro. El segundo conductor seguiría con su vida, con un remordimiento de conciencia tremendo. Pero vivo. El segundo conductor ha matado al primero.

Pulso el OFF mientras me como una hamburguesa recién comprada del McDonald's y me doy cuenta de que la tradición ha muerto. Pero ya da igual, nadie piensa en ella, la vida sigue consumiéndose. 



Por: El guardagujas.

viernes, 8 de noviembre de 2013

Recuerdo de una tarde azul...

<<El frío le caló hasta los huesos… continuaba caminando, corriendo fatigado. Nunca vivió un febrero tan frío, tan desgarrador. Ya no sentía miedo, solo sentía frío. Miró a su lado, su compañero ya no estaba, había quedado atrás. Ahora tenía que seguir él solo, sintió una gran tristeza pero al fin y al cabo siempre estuvo con su complementario.

Su abrigo era el único abrazo que sintió ese día… un rayo de sol iluminó su cara. De repente todo se convirtió en un instante eterno, un instante petrificado. Miró al cielo, respiró hondo, cerró los ojos y una sonrisa dulce se incrustó en su rostro. Olía a su Sevilla. Ah Sevilla… llevaba años sin ver un cielo tan azul.

Cogió un papel arrugado que tenía en su abrigo, anotó algo. Sonrió. Volvió a mirar al cielo sonriendo mientras recordaba su infancia en esos patios de Sevilla, mientras la recordaba a ella o a ellas. Recordó a su padre, a su abuelo, a su madre… su madre>>

Don Manuel todavía no podía creérselo. Cuando le dieron la noticia no supo cómo reaccionar. Su hermano había muerto. <<Murió solo el pobrecito, allí en Colliure, menudo frío… iba tan ligero de equipaje…>> Manuel sentía un dolor inmenso en su pecho, su hermano ya no estaba con él… su hermano. Un señor muy fornido le dio las pertenencias del difunto. Un abrigo y una cartera… tan solo eso. Manuel palpó el abrigo, no se podía creer que su hermano no llevase nada más que eso. Notó un papel arrugado, muy arrugado. Lo desdobló, ponía algo.  Don Manuel sonrió como un niño chico al leer los últimos versos de su hermano <<Estos días azules y este sol de la infancia>> Manuel conocía esos días azules, los conoció junto a su hermano.

A Antonio Machado.
                                                                                                                                                       Por    Ixquic

jueves, 7 de noviembre de 2013

La rosa

Seguía embobada mirando aquella inmensa rosa de pétalos color carmín. Preciosa flor, curiosa flor. Era imposible dejar de observarla. ¿Y el olor? ¡Oh! Tentador olor que evocaba noches de ternura y pasión desenfrenada. Me acerqué un poco más, quería impregnarme de su perfume. Pero allí debajo, camufladas en el tallo esmeralda, su ejército de espinas apuntaba con sus lanzas con intención de dañarme. Preciosa flor, curiosa flor. Tan bella y deseada, tan peligrosa. Muchos son los que atrapados por su galante caen bajo ese ejército de esmeralda incansable. Al instante miré cómo la yema de mi índice desprendía una lágrima de rubí. Sonreí levemente sintiéndome víctima de su inteligente juego.

Por: B. A.

El porche de la casa

Era el mejor de los tiempos. El grillo cantaba en la noche y a su vez el viento corría por los árboles. La idea del sueño ronda su cabeza. Sus pensamientos se desvanecen. Mira al cielo y descubre una cúpula enorme, diseñada por un arquitecto llamado Dios, según dicen...

Reprochando a lo lejos, se oye a un perro, que no logra sino alterar levemente la quietud de los pensamientos de aquel hombre. Aupándose de la hamaca, tras un ligero balanceo, rompe y disgrega el tiempo, detenido por unos instantes en el porche de la casa.



Por: Fran Martínez

miércoles, 6 de noviembre de 2013

¿Alguien sabe dónde están mis calcetines?

Los principios son lo mejor del mundo, aun cuando sabes que el final no está lejos. Por no decir a la vuelta de la esquina. No sabes que estás empezando, ni cómo sentirte. Los sentimientos se amontonan llenándote los sentimientos de emociones, de emociones tan distintas... Y cuando te das cuenta, navegas en el lago de las casualidades más inesperadas, en la barca Mariposa y sin el flotador Escudo anti-amor. Sabía que terminaría pasando: me sumergí contigo en el mayor de los placeres. Perder los calcetines entre las sábanas me recuerda a tus noches conmigo -no sé por qué en plural, a penas fueron dos-, donde los dos perdíamos algo más que la ropa. Por ejemplo: la cordura. Saltábamos de acera en acera, volviéndonos inmunes al paso y las miradas de la gente. Visita guiada por mi corazón en media hora y con pase gratuito sin caducidad. Yo no tengo ni táctica ni estrategia, como Benedetti en su poema. La limitación es el momento. No puedo prometerte el amor verdadero, ni el sexo más salvaje, ni siquiera los besos más pasionales... Pero sí mis ganas elevadas al máximo exponente. 



Por: CFP.

martes, 5 de noviembre de 2013

FIN







'...su tiempo acabó y dudo todavía, dudo hasta el fin.'
Hamm
Fin de partida.Samuel Beckett



Todo cambia y todo pasa,
quizá él pasó y yo ni lo vi,
quizá le entregué lo que no debía.

En mi cara la mañana tórrida  se reflejaba
 y calentaba el banco donde me encontraba

Sentí el olvido en mí
La pérdida de lo que un día recibí
Ya no jugaba, mi mundo no encontraba

Con el tiempo jugué y la vida perdí
Soledad aflora, tristeza y muerte.
Ya…

tierra, sol, tumba. 


-visionpoetica-



lunes, 4 de noviembre de 2013

Bostezos hechos de correspondencias baudelerianas

Querido profesor.

Puede que sea el rey de la selva en sus clases, y que hayan muchas nueces y muy poco ruido; pero no por ello merezco su odio, señor profesor. ¿He dicho señor? Quería decir capitán pirata, por eso de llevarnos en tu barca sin rumbo fijo e invitarnos a tu mesa, enseñarnos cada uno de los manjares que la coronan, y no dejarnos probar ninguno de ellos. Esa es tu especialidad, capitán pirata. ¿He dicho capitán pirata? Quería decir ingeniero de caminos, por eso de trazarnos en el suelo la misma rayuela cada año, deleitarnos con su magia primera, y no dejarnos limpiar el asfalto para volver a hacer claqué sobre otro tablado distinto. 

Siempre pensé que usted y yo vivíamos en la misma parte del día -quizá en la misma nube- pero hoy me he dado cuenta de que yo irradio un sol que no deja pestañear, y usted... usted vive en la una. Y no en cualquier luna, si me lo permite. ¿Pero sabe qué le digo? Pese a que haya habido un corte de luz mientras la tinta se abrazaba a la celulosa de mi correspondencia particular, he encendido un par de velas a la vieja usanza. Y lo siento, de veras, pero en este momento estoy por encima, incluso de mí.

Cecé

Oviedo







Desde lo más alto de la cuidad, en una gran montaña, podía ver la inmensidad de lo más insignificante, algo inefable y aterrador a la vez. También podía sentir la bruma ondeando alrededor de su cuerpo, que convertía las sombras de la costa en colores nítidos.

Le bastaban los recuerdos, que eran directamente proporcionales a la altura de las olas, como también lo eran al juicioso y gélido aire que absorbía.

Cuando decidió bajar, miró al horizonte y se sintió como las nubes: volátil e incapaz de controlar las lágrimas. Y se sintió como ese mar: un mar sin arena, arena ya malgastada por el reloj y su abismal cincel. 

Al bajar y descubrir cada parte infinitesimal de sí misma sólo puedo saber que bajo el humo del cigarro se escondía la sonrisa más feliz. 

Al camino hacia abajo y a todo lo que le esperaba allí debería acariciarlo con delicadeza para no morir, pero al fin y al cabo, era un comienzo.

Alicia C. B.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Juegos



Sobre el callejón oscuro, mi sombra se desvanecía como la ceniza de un cigarro. Un suspiro era el único sonido. El viento murió entre mis brazos y el pasadizo. 

 http://inciclopedia.wikia.com/wiki/Incijuegos:El_%C3%9Altimo_D%C3%ADa_de_Clases/Soluci%C3%B3n_Alternativa/Escapando_con_tu_amigo/Callej%C3%B3n_Oscuro

Pisé tierra y un charco llenó mis botas dejándome todo mojado y perforando mis oídos con el chapoteo constante que provocaban. Por fin llegué, era tal como la recordaba, seguía leyendo aquellas novelas de sexo y masturbación.
Sin esfuerzos llegamos al punto álgido de nuestro trabajo. Ella se despidió, cogió el dinero y se marchó. Como siempre, solo me quedó su pintalabios marcado en mi cara y una mirada entre desprecio y satisfacción porque una vez más me tenía en sus manos.

                  Tal vez algún día lo deje y se case conmigo- pensé

La moneda resbaló de entre mis dedos y la tristeza me envolvió.

                                                                                                      -Visiónpoética-

Palpitaciones

Me desperté sin apenas haber conciliado el sueño aquella noche, fielmente recordaba todos los acontecimientos soñados como vivencias pasadas; sin embargo, minutos después en mi frágil memoria se agolpaban, con sutileza, pensamientos etéreos que amenazaban con la lucidez de aquellas evocaciones. Mi corazón palpitaba con fiereza y tenía la sensación de que había olvidado algo esencial en mis sueños que había sido capaz de desvelarme varias noches seguidas a lo largo de mi efímera existencia:

                    -“Tranquilízate pequeña, sólo es un sueño”- eso solía recordarme mi madre cuando siendo una niña mis propias ilusiones me atemorizaban.

              -“Deliras, déjate de preocupaciones”- esto suelen recriminarme mis amigos cuando, no tan niña ya, continúo con el mismo estremecimiento.


Un sonido me sacudió del aletargamiento. Era él, mi gran guardián, cuya mirada cálida desprendía paz y su maravillosa postura aterciopelada aproximándose hacia mí me tranquilizaba; quizás sería lo único. Le acurruqué entre mis brazos y pensé que una vez más él me había salvado por aquella noche; sabía que este ser me comprendía mejor que nadie o, al menos, lo intentaba. 
No cabe duda de que no hay mayor dolor que el de tus propios miedos, mayor desasosiego que lo desconocido, ni  mayor cariño que el de un fiel compañero…                                     felino.                 






Por:  M.I.A

sábado, 2 de noviembre de 2013

Dime que no fue verdad

Que en aquella tarde de agosto, donde amargos quedaban los posos residuales de mi café de costumbre en la terraza del bar. Yo, inconsciente a toda eventualidad que pudiera afectar a "lo nuestro", no sentía el más mínimo resquemor que en tus uñas se quedaba incrustado el yeso. Yo en la inopia y tú en el dualismo feroz de la duda entre traición y novedad. Mientras que nos ahogabas con las dudas de tu naturaleza propia. Me gritas, me inculpas, me odias, me escupes...

Por. S. H.

jueves, 31 de octubre de 2013

Relato: Lo que no vale

“[…] No sé por qué he contado esta historia. Igual podía haber contado otra. Por mi vida, veréis cómo se parecen.El expulsado, S. Beckett

Podría aplicarlo todo el día, a todas horas. Sería como una vieja cotorra que nunca calla. Diría ~ cuando nos encontramos en la calle y me dices “te echo de menos”, entonces te correspondo con toda la afabilidad del mundo y te reitero mi amor constante. Entonces juntos nos terminamos las frases.

Cuando nos vemos por las noches-qué buena ocasión-, contadas las veces y sólo cuando podemos por eso de las agendas. Por eso mismo será que este amor que nos distancia nos une y follamos como un matrimonio viejo: te quejas de lo incómodo que es hacerlo en el coche y qué lujo sería estar en la cama y salir de las cinco posturas que tenemos memorizadas hasta en el orden. Pero claro, tengo que repetirte como te lo dije la primera vez, mis padres no te aceptarían, nuestra relación es imposible, sólo en la noche podemos tener  nuestros esporádicos encuentros amorosos –rencorosa te repito que parece que sólo me buscas para satisfacerte, porque no me dejas acabar! ; y mira que tú sí que sabes tocarme, qué corridas las primeras veces!

También lo podría decir cuando en las fiestas nos vemos, llevas tu traje joven, las siete copas de trago fuerte y las siete copas de vino dulce, es decir, una mezcla del carajo. Entonces intercambiamos la mirada en una fracción de segundo en  medio de nuestros coros de bailarines y bufones; nos reconocemos  y realizamos la pantomima:

E1:-Voy a fumar.
E2:-Tomaré aire.
E3:-¡Le están partiendo la cara y es mi amigo, mierda!
E4:-Creo que puede ser  algo serio, quiero conocerla mejor….

Y una vez que despistamos a la turba y la imbécil de tu anillada amiga se pone a hablar sobre tu guagua…  es el momento. Nos retiramos por los callejones, los más oscuros. Se  nos hacen tan  agradables que parecen avenidas. Discutimos, porque tenemos que hacerlo, eso de querer que nos entre todo el cuerpo por los ojos y  no aguantar que el ruido nos amenace, las miradas nos afecten y la luz nos ahuyente…-es bastante terrible, tendré que decírtelo antes de que la dejes preñada con la segunda guagua. Vienen los insultos, el deseo que no podemos refrenar y tu sed de dominancia, mis pocos escrúpulos encontrados… Todo lo demás se va en esa otra discusión entre jadeos, “hasta ahí”, “¡ya basta!”, “de la otra forma mejor”,  luego ese tramo final donde todo parece que va a terminar en muerte y los dientes se aprietan y olvidamos las palabras para rugirnos…

 ”Buenas noches”, “hace tiempo que no te veía”, “¡qué grande tu guagua!”…Sí, seguimos fingiendo. Tú con tu esposa, yo con el amor.

No olvidemos, porque es aun un estigma, que también podría decirlo cuando estamos solos  y nos reímos de tu chiste: ¡ella y yo nos reímos tan complacidas y alegres! En nuestras reuniones podríamos repetir ~ en coro, pero sin que ninguno alce la voz para no robarnos el protagonismo que los tres nos merecemos. Cuando susurramos a uno la premura con la que nos buscamos, mientras el otro mira y por no tener dos bocas –¡quién nos mando siendo monobucales!- recompensamos al tercero con sumisión. En nuestro juego trinitario tenemos que repetir a coro : ¡ ~!

No me hartaría de repetirlo: “[…] No sé por qué he contado esta historia. Igual podía haber contado otra. Por mi vida, veréis cómo se parecen.” El expulsado, S. Becket

Nota: Guagua significa bebé en Hispanoamérica (Argentina, Uruguay, Chile, Perú, Bolivia Ecuador ).

Por: Dionisos.


miércoles, 30 de octubre de 2013

Relato: Casa.

"Tengo que comprarme otro ordenador", pensó cuando la pantalla de su computadora se apagó de repente. Llevaba varios días haciendo lo mismo, se apagaba solo, se bloqueaba, la batería se descargaba en media hora… horroroso. Ella, que tenía conocimiento de cada modelo de ordenador, móvil, tablet e incluso televisores, se negaba a ir a la tienda por pereza, tener que salir de su casa para subirse en su coche, después bajarse de él para entrar en una tienda y después regresar a casa.

Casa. Era la única palabra que le proporcionaba tranquilidad. Tal vez porque allí nadie la molestaba. Suspiró mientras bajaba la pantalla de su ordenador, se levantó de su sillón de cuero marrón, ese que perteneció a su abuelo, y se acercó a la ventana. Llovía, como hace un par días, y las gotas de la lluvia se deslizaban por la ventana. Las flores del jardín estaban preciosas bajo esas gotas de lluvia. Ojalá y ella también fuera una gota de lluvia, caer del cielo para llegar a la tierra….

Caer del cielo para llegar a la tierra, justo lo contrario que lo que hacen los mortales. Los mortales están en la tierra y se van al cielo. Qué idea tan curiosa, pensó. Ella quería caer del cielo para llegar a la tierra y después evaporarse. Comenzó a marearse, se apoyó en la pared y su frente chocó contra el cristal, estaba helado. Miró de nuevo  las flores, se acordó de que debía tomarse la medicación.

Fue hacia la cocina, hacía frío en casa. Abrió su bolso de tela donde guardaba todas las pastillas que debía tomar hasta que… hasta ese día en el que ya no necesite tomar nada más. Seis pastillas por la mañana, tres por la tarde y cinco por la noche, y a pesar de todo ello de nada servía ya. Abrió los botes, tomó un vaso y lo llenó de agua. Entonces notó un cosquilleo en el estómago. No se las tomaría, no volvería a tomarse ninguna pastilla más.

Volvió a su despacho, había dejado de llover. Se sentó en el sillón y recordó a su abuelo. De repente el ordenador se encendió "Venga ya…", dijo en voz alta. Tenía un nuevo mensaje. Era de él. Se abalanzó a la pantalla. Hacía meses que hablaba con ese chico, quizás un par de años, pero jamás se habían visto. Ella nunca le contó lo de su enfermedad, él… nunca le contó casi nada de su vida, pero no hacía falta hablar de sus propias vidas para conocerse. Hablaban de cientos de cosas y ello servía de alivio para ambos. Comenzaron a quererse, por eso ella ya no salía de casa, porque pasaba las horas hablando con él por el ordenador, porque ahora casa era él.

Abrió el correo, jamás se imaginó leer lo que en él ponía. ¡Le pedía una cita! Sí, después de tantos meses… o tal vez años, por fin quedarían para verse. Ella no lo dudó, contestó al momento y quedaron en una cafetería de la calle platería. A ella le encantaba esa calle, siempre había gente, y siempre había un grupo de hombres que tocaban lindas melodías en la calle cerca de la catedral.

Quedaron ese mismo día, estaba nerviosa, se cambió tres veces de ropa, se pintó las uñas, preparó sus botas pero… debía elegir lo más importante: la peluca, tocó su cabeza sin pelo y se quitó el pañuelo. Se miró al espejo y colocó su peluca, en realidad le gustaría no llevarla pero le daba miedo el rechazo de su amigo…

Entró en la cafetería, él le dijo que iría de verde, ella le dijo que iría de rosa. Allí le vio, sentado en una mesa leyendo el periódico. Su corazón latía tan fuerte que las sienes le dolían. Él levantó la mirada del periódico y la vio, la reconoció. Sus miradas se inmutaron en la pupila del otro. Era muy guapo, pero no lo describiré, dejaré que cada lector imagine a “Él”. Ella se sentó y sonriéndose comenzaron a reírse a carcajadas. 

Pidieron un café él y ella un zumo. Parecía que se conocían de toda la vida. La tarde se pasó con la misma fugacidad que una estrella fugaz cruza el cielo. Decidieron volver a casa porque ya era muy tarde. Ella se levantó y vio que él tan solo se deslizaba… ella se sorprendió, su amigo era paralítico y no lo sabía. Él la miró con una sonrisa "No te preocupes, puedes irte si lo deseas…". Ella notó un puñal en el pecho ¿cómo podía pensar que dejaría de ser su amiga? Ella también debía demostrarse como era. Volvió a sentarse y él se acercó a ella… él la tomó de las manos, sabía que estaba nerviosa pero no sabía por qué. Entonces  ella cerró los ojos y se llevó las manos a su cabeza, se quitó la peluca. Él no mostró asombro ninguno, simplemente le acarició la mano y le sonrió "Ahora ya nos conocemos".

Puso un pañuelo sobre su cabeza y salieron de la cafetería. Fue la tarde más bonita en muchos años para ambos… el cielo estaba gris pero sus corazones irradiaban esperanza. Se despidieron, se abrazaron y quedaron para el fin de semana. En ese abrazo todo un regocijo encontraron… en ese abrazo ella encontró su casa, casa.

Ella regresó a casa, sonreía desde que se despidió de él. Fue a la cocina para beber agua y vio las pastillas en la encimera. Las miró fijamente. Se las tomó, decidió luchar… la vida es demasiado efímera como para andarnos con vaguerías. Iría a sus sesiones, lucharía por estar fuerte y sobre todo… por poder peinar de nuevo su preciosa cabellera oscura para que él la acariciase.

Por cierto, ella se llama Lucía y él Jaime. 


Por: Ixquic.

martes, 29 de octubre de 2013

Nadie la vio.

Él poesía una memoria curiosa, la cual solo le permitía recordarla
cuando le faltaban los delirios de otras carnes. 
Y cuando el delirio era al fin su carne, él recordaba el de mil rostros.

Ella se marchó.
Él la siguió hasta la esquina.

Ella se volvió y él ya no estaba.
-"Corre, corre, pequeña" - se escuchaba retumbando entre las calles.

Nadie la vio correr.
Nadie la vio marcharse.

Por: Ester del Amor.

La colmena

Conseguir miel era el objetivo principal, el problema era que muchas perdían el tiempo deambulando por los pasillos de la colmena. La Rosa siempre mandaba más que ninguna otra, se podría decir que era como la reina. Todas tenían su historia en la dulce fábrica de aquella sustancia densa. Martín carecía de protagonismo cuando se cruzaba con Rosa. Victorita era más callada, pero al menos tenía las ideas fijas. No se andaba con chiquitas. El día del encuentro, la Rosa se encargaba de las obreras, pero no de Martín y Victorita, que se escondían enamorados entre los hexagonales. Pasados diez segundos, la Rosa se cruzó con ellos: "Recelosas, si os viera el Camilo". Pero Camilo ya no estaba. Todos los días vivían y morían las abejas en la colmena, como si de un ir y venir en un bar de la Gran Vía de Madrid se tratara.

Por: El guardagujas.

jueves, 3 de octubre de 2013

Dignidad

Me daba tanto asco cuando se contoneaba frente a mí; parecía una puta cerda. Ojalá la noche
lujuriosa se la hubiese tragado, masticado y escupido en algún nido de puercos de cualquier
color antagónico al verde.
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Era mi dignidad la que no me dejaba dormir por las noches. O quizás no. Apuesto a que
solamente un cuerpo de mujer es capaz de envolver tal aberración cósmica y planetaria, y me
juego todo el polvo de Ángel que mi hermano es capaz de esnifarse a que soy misójino por su
culpa… por perderla.
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Ahora no me queda amor que dar a esos cristianos, pero no me quejo. La caja está precintada
y preparada para ser tirada al mar en el siguiente punto y coma. Ya no soy pretérito; me dejo
llevar por la inercia de los astros, camino a tu cama, a sus voces en mi cabeza masticando
neuronas… o chupando mi alma a sorbos denigrantes para mí.
No sé si anhelo tu vuelta,

D
I
G
N
I
D
A
D

Por: Polvo de estrellas

sábado, 21 de septiembre de 2013

El marionetero II

El vecino más viejo rondaba los sesenta años. No había mala relación entre ellos. Los Díaz trabajaban en la parte izquierda del ventanal, junto al escritorio. Los hijos mellizos del matrimonio hacían comedias, compartían cartel con los hermanos Edwards, que hacían tragedias. La otra ventana era de los glotones. Hace unos años aparecieron los solteros de Barrio Viejo, ninguno conoce su origen. Dios los hizo aparecer la madrugada del dos de mayo. Todos estaban enamorados de la amante. Vivía en el último estante, justo encima de Shakespeare. Pero Jackie era el favorito, con su perro risueño. Nadie sabe qué será de ellos. Todo tiene un final, incluso Dios.

Por: El guardagujas.

martes, 17 de septiembre de 2013

El marionetero I

Y después de sesenta años, solo me quedaban mis muñecos. El matrimonio Díaz con sus hijos mellizos. Los hermanos Edwards y sus vecinos glotones. Los solteros de Barrio Viejo. La amante. Mi hijo Junior y su perro Jackie. A mí me gustaba sacarle a pasear, pero él siempre quería ser el protagonista: "Corre, Jackie", decía. Toda mi vida dedicada a construir muñecos y solo me queda esta pequeña civilización.

Por: El guardagujas.

sábado, 14 de septiembre de 2013

REFLEXIÓN

Dicen que la vida se esfuma entre los dedos de nuestras manos como rayos de sol en la lejanía, que las lágrimas vertidas son caminos que nos duele recordar o, que el amor verdadero sólo existe en aquellos relatos de fantasía que no tienen cabida en el mundo “real”. Y acaso, ¿la vida no es una prolongación de la muerte, las lágrimas consumación del dolor y el amor tan verídico como el odio?

Realmente no hay nada más verosímil que lo que observamos a través de los ojos y conseguimos por medio de las palabras, todo lo demás no merece sentido, créeme ahora ya no…




    Por: M.I.A                                                                                                                                

viernes, 13 de septiembre de 2013

RECUERDOS

Me senté delante de la pantalla del ordenador sin saber muy bien que escribir. Con una mano acariciaba suavemente las puntas de mi pelo recogido en una cola de caballo, con la otra sostenía un boli al que hacía girar de izquierda a derecha. Era uno de esos días en los que nada ni nadie conseguía inspirarme; ni la más romántica de las músicas ni el más duro rock despertaban mi aletargada inspiración. Cientos de cosas rodeaban el teclado: unas impresiones de un antiguo mapamundi, viejas entradas de cine, facturas de numerosas compras, lápices de colores y pañuelos de papel con restos de recientes lágrimas. Podría escribir miles de historias relacionadas con cada uno de esos objetos, pero no eran lo suficientemente relevantes como para dedicarles unas líneas. 

Y de repente,  después de unos segundos de meditación, ahí estaba. Mis labios dejaron escapar una tímida y relajada sonrisa recubierta de un sentimiento satisfactorio. Unos minúsculos granos de arena se asomaban entre el colorido material escolar. Y así, ese paseo por la playa, ese castillo a mis espaldas y ese beso eterno observado por el mar recobraron vida en mi cabeza y en mi corazón. 

        Pasiones incansables y miradas infinitas.

                       Huellas efímeras en recuerdos eternos.


B.A.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

DESTINO

Él. 
Se levanta temprano, ardiente, deslumbrante, siempre incansable. 
Ella. 
Dama y princesa de la noche, revestida de terciopelo negro con destellos de lúgubres diamantes. 
Dos caras de una misma moneda. Dos imponentes amantes que el Universo decidió separar. El Sol y la Luna nunca podrán yacer sobre el mismo lecho.

B.A.  

jueves, 5 de septiembre de 2013

La perseguidora

Se ha creado un pasillo entre lo oscuro y lo inexplorado. Diría que es un túnel, pero no lo distingo bien. Al fondo no se ve nada. Quizá sea una estrella, o algo más que eso. Podría ser, no lo sé, simplemente un sueño.
Y al fondo del abrigo guardaba mi viejo reloj de bolsillo: tan misterioso y atrevido. El abrigo de piel estaba en el armario. Creo que era de zorro, de puma, seguro que era de puma. Me cubría del frío, eso sí, aunque podría ser de león, de pelo de león.
Deberían inventar gafas de luna, para poder ver de noche. Yo las compraría. Siempre me han hecho falta, cada vez que sueño. Pero nadie lo sabe: ¡Sssh! Me gusta dormir con la cabeza bajo la almohada para que nadie pueda ver lo que estoy soñando.
Mm... Y al meter la cabeza debajo, nunca sabes lo que vas a encontrar.
Yo veo un pasillo.
               ¿Tú
                     qué
                            ves?

Por: El guardagujas.
Para Victoria, felicidades.

sábado, 31 de agosto de 2013

TV

En el aparato que transmite imágenes a distancia mediante ondas hercianas yo soy el protagonista.
Día y noche, me sentaba en mi sofá de segunda o tercera mano con una copa de alcohol. La secuencia se iba repitiendo. Al fin y al cabo, te terminabas acostumbrando a no ver nunca más la luz del sol. Bajé las persianas de la casa, eché las cortinas, pedí al supermercado que me trajeran la comida a casa. La botella de alcohol no podía faltar. Conforme avanzaba el tiempo, la posición del sofá iba cogiendo forma. No necesitaba a nadie. Estaba solo.
Todo comenzaba cuando encendía el televisor. Reality-show: no me cansaba de ver a doce protagonistas con mi nombre y ciento quince kilos de peso. Y yo les sonreía, les criticaba, aunque no había nadie más conmigo. Solo, solo, solo. Corazón: todos hablaban de mi, del personaje sin vida social que no vivía. Todos los críticos con mi cara, todos me representaban. Sabían la verdad. Yo me reía, lloraba, pero mi mirada, inconcebible, no reaccionaba.
Y cuando apagaba el televisor con el mando a distancia, me enfrentaba a él. Escuchaba la amenaza del silencio, se adueñaba del entorno y me veía solo, me veía solo, me veía solo... Pero dormía y la rutina volvía a comenzar.

Por: El guardagujas.

viernes, 30 de agosto de 2013

Lo que no ves

La sombra seguía acechándole como si de un miembro de su cuerpo se tratara. 

Era la oscuridad misma, tenebrosa y fría. Él andaba por todos los callejones de ese pueblo, el pueblo de su abuelo, el pueblo de su infancia.


Mi abuelo siempre me decía que recordara cómo se me erizaba el pelo con el frío veraniego de los pueblos, cómo sonreía al disfrutar de una noche estrellada sin más ruido que el de las cigarras. Ahora no era ese frío veraniego el que presenciaba sino, más bien, un aire estremecedor.
La caminata a casa se le hacía cansada, empezó a correr para ahuyentar a su perseguidor pero sentía cada vez más cerca a su “yo”, su vida misma.
Cómo pondría sentir tanto miedo- se preguntaba
Al llegar a casa se sintió liberado, cerró la puerta con violencia y se sentó en el sofá. Ahora, en su propio hogar, se sentía más solo que nunca.  Nadie le habló en todo el día y todos caminaban con tristeza, con amargura. Esa noche no se escuchó nada en esa casa de campo.
Al día siguiente despertó y vio como todos se alejaban hacia el cementerio. El espejo ya no recogía el sudor de su mano.

                                                                              -Visiónpoética-