sábado, 23 de noviembre de 2013

Viajero incesante

Desde que salí de aquel banco mi vida cambió por completo. Allí estaba limpio, pulcro, inmaculado, virgen. Ahora viajo constantemente de un lugar a otro, de aquí para allá, sin parar. Por eso me siento tan sucio y manoseado. A veces permanezco en un sitio días y semanas, y otras...otras tardo minutos en teletransportarme a lugares completamente diferentes. 

Sin embargo, es curioso. Antes nadie me hacía caso, estaba allí, tranquilo, rodeado de otros como yo; y ahora, la gente se pelea por tenerme, tocarme y usarme. Esa es la palabra: "usarme". La gente me mangonea como quiere, me cambia e intercambia; y ellos son felices así, haciendo conmigo lo que se les antoja. En ocasiones, cuando consiguen algo a cambio, me miran con cara de felicidad; otras veces veo en ellos cara de tristeza cuando ven que desaparezco ante sus narices. 

Así vivo yo, en la incertidumbre de no saber si proporciono tristeza o felicidad. En la incertidumbre de no saber cuánto valgo. 

Lector, no estés triste por mí, no es que tenga la autoestima baja, es que soy un simple billete de 20 euros.

B. A. 

viernes, 22 de noviembre de 2013

Salteado de sueños

Son las 6,00. Suenan los cañones en el fondo del armario. Cinco tiros en mi espalda. Todo permanece oscuro. Son las 7,00. No miro más el reloj, pero siento que me estoy quedando dormido. Un libro se cae desde lo alto y lo reconozco. Son las 8,00. Aún me queda tiempo para seguir en la cama. He perdido el tren, veo a lo lejos cómo se pierde en el horizonte. Triste hombre, triste, triste. Son las 9,30. ¡Oh, no! ¡Me he dormido! Pero no tengo prisa, tengo tiempo suficiente para despertar, para vestirme, para el café de las 10,00 y para la lectura de las 10,30. Son las 8,30. Mis sueños me traicionan. Es temprano, definitivamente, puedo seguir soñando.



Por: El guardagujas.

viernes, 15 de noviembre de 2013

¿Libertad o sistema?

Nazcamos libres, sin presiones, sin cargas, sin tener que preocuparnos de que el despertador esté puesto a la hora que nos tengamos que levantar por el deber que sea. Un mundo donde no existan facturas, deudas, impuestos... una verdadera utopía.
Qué bien no tener que estar condicionado al compromiso, no depender de nadie ni de nada, como en los viejos tiempos cuando éramos primitivos. Pero, qué pasa si tuviéramos que cazar nuestra propia comida, curar nuestras propias enfermedades, construir nuestras casas, hacer fuego cuando pasemos frío, -sobrevivir y proteger- la ley del más fuerte. Puesto que hablamos de la libertad en estado puro nos damos cuenta de que la maldad es evidente y si el mas fuerte gana entonces sería una dictadura del mal, ¿no? Siempre está presente en cualquier sistema. Puesto que estamos en un sistema sujeto a unas reglas de juego establecidas que debemos cumplirlas para que la mayoría estemos satisfechos.
¿Estar en un sistema nos hace sentir en una jaula? No, porque a pesar de estar condicionados con el compromiso, es de nuestra responsabilidad hacerlas ya que afecta directa e indirectamente a cada uno de los del sistema que se esté gobernando, un claro ejemplo sería: qué pasaría si el basurero no recogiera la basura por un día, la suciedad reinaría en la ciudad. Pero nadie le va a privar la libertad de sus actos.

Entonces, ¿es justo que haya corrupción, violencia y maldad en el sistema actual en el que gobernamos? No es justo, ni tampoco se puede abandonar el sistema actual, ya que dependemos de cada individuo compuesto en él. Por lo tanto, la libertad idealizada, esa Utopía soñada, no puede darse. El mal siempre estará en todas partes. Simplemente debemos vivir y sentir lo que nos rodea siendo conscientes de que nosotros tomamos las decisiones, puesto que el mal es un hecho existente e inevitable pero está en nosotros hacer de un mundo mejor, enseñando y compartiendo la felicidad.  Todo lo ajeno a nuestra voluntad será un problema, un odio innecesario que sumar.


Por: Adrián Corrales Cragg
       A.C.C.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Accidente en la M30

El viento esparcía de forma violenta las llamaradas del primer vehículo. Se hallaba empotrado contra una grúa, por suerte, sin mercancía alguna. Anuncios de publicidad cubrían la M30. El segundo vehículo tenía prisa, no esperó a que el primer vehículo se apartara para poder adelantar en el carril de aceleración cuando se lo llevó por delante. El segundo vehículo no se encontraba en llamas, tan solo había derrapado unos cuantos metros. El conductor estaba bien, únicamente heridas leves. Todos se temían lo peor mientras observaban al conductor del segundo vehículo con 'Sweet emotion' de Aerosmith a todo volumen. Ni siquiera perdió el conocimiento. Una Coca-Cola de 33 cl. se había derramado sobre su cintura. Al contrario, el conductor del primer vehículo fallecía antes de que el servicio de Emergencias pudiera llegar al lugar de los hechos. El conductor fallecido era un hombre de 66 años que se dirigía al colegio a recoger a sus nietos. Jamás llegaría al lugar del encuentro. El segundo conductor seguiría con su vida, con un remordimiento de conciencia tremendo. Pero vivo. El segundo conductor ha matado al primero.

Pulso el OFF mientras me como una hamburguesa recién comprada del McDonald's y me doy cuenta de que la tradición ha muerto. Pero ya da igual, nadie piensa en ella, la vida sigue consumiéndose. 



Por: El guardagujas.

viernes, 8 de noviembre de 2013

Recuerdo de una tarde azul...

<<El frío le caló hasta los huesos… continuaba caminando, corriendo fatigado. Nunca vivió un febrero tan frío, tan desgarrador. Ya no sentía miedo, solo sentía frío. Miró a su lado, su compañero ya no estaba, había quedado atrás. Ahora tenía que seguir él solo, sintió una gran tristeza pero al fin y al cabo siempre estuvo con su complementario.

Su abrigo era el único abrazo que sintió ese día… un rayo de sol iluminó su cara. De repente todo se convirtió en un instante eterno, un instante petrificado. Miró al cielo, respiró hondo, cerró los ojos y una sonrisa dulce se incrustó en su rostro. Olía a su Sevilla. Ah Sevilla… llevaba años sin ver un cielo tan azul.

Cogió un papel arrugado que tenía en su abrigo, anotó algo. Sonrió. Volvió a mirar al cielo sonriendo mientras recordaba su infancia en esos patios de Sevilla, mientras la recordaba a ella o a ellas. Recordó a su padre, a su abuelo, a su madre… su madre>>

Don Manuel todavía no podía creérselo. Cuando le dieron la noticia no supo cómo reaccionar. Su hermano había muerto. <<Murió solo el pobrecito, allí en Colliure, menudo frío… iba tan ligero de equipaje…>> Manuel sentía un dolor inmenso en su pecho, su hermano ya no estaba con él… su hermano. Un señor muy fornido le dio las pertenencias del difunto. Un abrigo y una cartera… tan solo eso. Manuel palpó el abrigo, no se podía creer que su hermano no llevase nada más que eso. Notó un papel arrugado, muy arrugado. Lo desdobló, ponía algo.  Don Manuel sonrió como un niño chico al leer los últimos versos de su hermano <<Estos días azules y este sol de la infancia>> Manuel conocía esos días azules, los conoció junto a su hermano.

A Antonio Machado.
                                                                                                                                                       Por    Ixquic

jueves, 7 de noviembre de 2013

La rosa

Seguía embobada mirando aquella inmensa rosa de pétalos color carmín. Preciosa flor, curiosa flor. Era imposible dejar de observarla. ¿Y el olor? ¡Oh! Tentador olor que evocaba noches de ternura y pasión desenfrenada. Me acerqué un poco más, quería impregnarme de su perfume. Pero allí debajo, camufladas en el tallo esmeralda, su ejército de espinas apuntaba con sus lanzas con intención de dañarme. Preciosa flor, curiosa flor. Tan bella y deseada, tan peligrosa. Muchos son los que atrapados por su galante caen bajo ese ejército de esmeralda incansable. Al instante miré cómo la yema de mi índice desprendía una lágrima de rubí. Sonreí levemente sintiéndome víctima de su inteligente juego.

Por: B. A.

El porche de la casa

Era el mejor de los tiempos. El grillo cantaba en la noche y a su vez el viento corría por los árboles. La idea del sueño ronda su cabeza. Sus pensamientos se desvanecen. Mira al cielo y descubre una cúpula enorme, diseñada por un arquitecto llamado Dios, según dicen...

Reprochando a lo lejos, se oye a un perro, que no logra sino alterar levemente la quietud de los pensamientos de aquel hombre. Aupándose de la hamaca, tras un ligero balanceo, rompe y disgrega el tiempo, detenido por unos instantes en el porche de la casa.



Por: Fran Martínez

miércoles, 6 de noviembre de 2013

¿Alguien sabe dónde están mis calcetines?

Los principios son lo mejor del mundo, aun cuando sabes que el final no está lejos. Por no decir a la vuelta de la esquina. No sabes que estás empezando, ni cómo sentirte. Los sentimientos se amontonan llenándote los sentimientos de emociones, de emociones tan distintas... Y cuando te das cuenta, navegas en el lago de las casualidades más inesperadas, en la barca Mariposa y sin el flotador Escudo anti-amor. Sabía que terminaría pasando: me sumergí contigo en el mayor de los placeres. Perder los calcetines entre las sábanas me recuerda a tus noches conmigo -no sé por qué en plural, a penas fueron dos-, donde los dos perdíamos algo más que la ropa. Por ejemplo: la cordura. Saltábamos de acera en acera, volviéndonos inmunes al paso y las miradas de la gente. Visita guiada por mi corazón en media hora y con pase gratuito sin caducidad. Yo no tengo ni táctica ni estrategia, como Benedetti en su poema. La limitación es el momento. No puedo prometerte el amor verdadero, ni el sexo más salvaje, ni siquiera los besos más pasionales... Pero sí mis ganas elevadas al máximo exponente. 



Por: CFP.

martes, 5 de noviembre de 2013

FIN







'...su tiempo acabó y dudo todavía, dudo hasta el fin.'
Hamm
Fin de partida.Samuel Beckett



Todo cambia y todo pasa,
quizá él pasó y yo ni lo vi,
quizá le entregué lo que no debía.

En mi cara la mañana tórrida  se reflejaba
 y calentaba el banco donde me encontraba

Sentí el olvido en mí
La pérdida de lo que un día recibí
Ya no jugaba, mi mundo no encontraba

Con el tiempo jugué y la vida perdí
Soledad aflora, tristeza y muerte.
Ya…

tierra, sol, tumba. 


-visionpoetica-



lunes, 4 de noviembre de 2013

Bostezos hechos de correspondencias baudelerianas

Querido profesor.

Puede que sea el rey de la selva en sus clases, y que hayan muchas nueces y muy poco ruido; pero no por ello merezco su odio, señor profesor. ¿He dicho señor? Quería decir capitán pirata, por eso de llevarnos en tu barca sin rumbo fijo e invitarnos a tu mesa, enseñarnos cada uno de los manjares que la coronan, y no dejarnos probar ninguno de ellos. Esa es tu especialidad, capitán pirata. ¿He dicho capitán pirata? Quería decir ingeniero de caminos, por eso de trazarnos en el suelo la misma rayuela cada año, deleitarnos con su magia primera, y no dejarnos limpiar el asfalto para volver a hacer claqué sobre otro tablado distinto. 

Siempre pensé que usted y yo vivíamos en la misma parte del día -quizá en la misma nube- pero hoy me he dado cuenta de que yo irradio un sol que no deja pestañear, y usted... usted vive en la una. Y no en cualquier luna, si me lo permite. ¿Pero sabe qué le digo? Pese a que haya habido un corte de luz mientras la tinta se abrazaba a la celulosa de mi correspondencia particular, he encendido un par de velas a la vieja usanza. Y lo siento, de veras, pero en este momento estoy por encima, incluso de mí.

Cecé

Oviedo







Desde lo más alto de la cuidad, en una gran montaña, podía ver la inmensidad de lo más insignificante, algo inefable y aterrador a la vez. También podía sentir la bruma ondeando alrededor de su cuerpo, que convertía las sombras de la costa en colores nítidos.

Le bastaban los recuerdos, que eran directamente proporcionales a la altura de las olas, como también lo eran al juicioso y gélido aire que absorbía.

Cuando decidió bajar, miró al horizonte y se sintió como las nubes: volátil e incapaz de controlar las lágrimas. Y se sintió como ese mar: un mar sin arena, arena ya malgastada por el reloj y su abismal cincel. 

Al bajar y descubrir cada parte infinitesimal de sí misma sólo puedo saber que bajo el humo del cigarro se escondía la sonrisa más feliz. 

Al camino hacia abajo y a todo lo que le esperaba allí debería acariciarlo con delicadeza para no morir, pero al fin y al cabo, era un comienzo.

Alicia C. B.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Juegos



Sobre el callejón oscuro, mi sombra se desvanecía como la ceniza de un cigarro. Un suspiro era el único sonido. El viento murió entre mis brazos y el pasadizo. 

 http://inciclopedia.wikia.com/wiki/Incijuegos:El_%C3%9Altimo_D%C3%ADa_de_Clases/Soluci%C3%B3n_Alternativa/Escapando_con_tu_amigo/Callej%C3%B3n_Oscuro

Pisé tierra y un charco llenó mis botas dejándome todo mojado y perforando mis oídos con el chapoteo constante que provocaban. Por fin llegué, era tal como la recordaba, seguía leyendo aquellas novelas de sexo y masturbación.
Sin esfuerzos llegamos al punto álgido de nuestro trabajo. Ella se despidió, cogió el dinero y se marchó. Como siempre, solo me quedó su pintalabios marcado en mi cara y una mirada entre desprecio y satisfacción porque una vez más me tenía en sus manos.

                  Tal vez algún día lo deje y se case conmigo- pensé

La moneda resbaló de entre mis dedos y la tristeza me envolvió.

                                                                                                      -Visiónpoética-

Palpitaciones

Me desperté sin apenas haber conciliado el sueño aquella noche, fielmente recordaba todos los acontecimientos soñados como vivencias pasadas; sin embargo, minutos después en mi frágil memoria se agolpaban, con sutileza, pensamientos etéreos que amenazaban con la lucidez de aquellas evocaciones. Mi corazón palpitaba con fiereza y tenía la sensación de que había olvidado algo esencial en mis sueños que había sido capaz de desvelarme varias noches seguidas a lo largo de mi efímera existencia:

                    -“Tranquilízate pequeña, sólo es un sueño”- eso solía recordarme mi madre cuando siendo una niña mis propias ilusiones me atemorizaban.

              -“Deliras, déjate de preocupaciones”- esto suelen recriminarme mis amigos cuando, no tan niña ya, continúo con el mismo estremecimiento.


Un sonido me sacudió del aletargamiento. Era él, mi gran guardián, cuya mirada cálida desprendía paz y su maravillosa postura aterciopelada aproximándose hacia mí me tranquilizaba; quizás sería lo único. Le acurruqué entre mis brazos y pensé que una vez más él me había salvado por aquella noche; sabía que este ser me comprendía mejor que nadie o, al menos, lo intentaba. 
No cabe duda de que no hay mayor dolor que el de tus propios miedos, mayor desasosiego que lo desconocido, ni  mayor cariño que el de un fiel compañero…                                     felino.                 






Por:  M.I.A

sábado, 2 de noviembre de 2013

Dime que no fue verdad

Que en aquella tarde de agosto, donde amargos quedaban los posos residuales de mi café de costumbre en la terraza del bar. Yo, inconsciente a toda eventualidad que pudiera afectar a "lo nuestro", no sentía el más mínimo resquemor que en tus uñas se quedaba incrustado el yeso. Yo en la inopia y tú en el dualismo feroz de la duda entre traición y novedad. Mientras que nos ahogabas con las dudas de tu naturaleza propia. Me gritas, me inculpas, me odias, me escupes...

Por. S. H.