El viento esparcía de forma violenta las llamaradas del primer vehículo. Se hallaba empotrado contra una grúa, por suerte, sin mercancía alguna. Anuncios de publicidad cubrían la M30. El segundo vehículo tenía prisa, no esperó a que el primer vehículo se apartara para poder adelantar en el carril de aceleración cuando se lo llevó por delante. El segundo vehículo no se encontraba en llamas, tan solo había derrapado unos cuantos metros. El conductor estaba bien, únicamente heridas leves. Todos se temían lo peor mientras observaban al conductor del segundo vehículo con 'Sweet emotion' de Aerosmith a todo volumen. Ni siquiera perdió el conocimiento. Una Coca-Cola de 33 cl. se había derramado sobre su cintura. Al contrario, el conductor del primer vehículo fallecía antes de que el servicio de Emergencias pudiera llegar al lugar de los hechos. El conductor fallecido era un hombre de 66 años que se dirigía al colegio a recoger a sus nietos. Jamás llegaría al lugar del encuentro. El segundo conductor seguiría con su vida, con un remordimiento de conciencia tremendo. Pero vivo. El segundo conductor ha matado al primero.
Pulso el OFF mientras me como una hamburguesa recién comprada del McDonald's y me doy cuenta de que la tradición ha muerto. Pero ya da igual, nadie piensa en ella, la vida sigue consumiéndose.
Por: El guardagujas.

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