Nazcamos libres, sin presiones, sin cargas, sin tener que
preocuparnos de que el despertador esté puesto a la hora que nos tengamos que
levantar por el deber que sea. Un mundo donde no existan facturas, deudas,
impuestos... una verdadera utopía.
Qué bien no tener que estar condicionado al compromiso, no
depender de nadie ni de nada, como en los viejos tiempos cuando éramos
primitivos. Pero, qué pasa si tuviéramos que cazar nuestra propia comida, curar
nuestras propias enfermedades, construir nuestras casas, hacer fuego cuando
pasemos frío, -sobrevivir y proteger- la ley del más fuerte. Puesto que
hablamos de la libertad en estado puro nos damos cuenta de que la maldad es
evidente y si el mas fuerte gana entonces sería una dictadura del mal, ¿no? Siempre
está presente en cualquier sistema. Puesto que estamos en un sistema sujeto a
unas reglas de juego establecidas que debemos cumplirlas para que la mayoría
estemos satisfechos.
¿Estar en un sistema nos hace sentir en una jaula? No,
porque a pesar de estar condicionados con el compromiso, es de nuestra
responsabilidad hacerlas ya que afecta directa e indirectamente a cada uno de
los del sistema que se esté gobernando, un claro ejemplo sería: qué pasaría si el
basurero no recogiera la basura por un día, la suciedad reinaría en la ciudad.
Pero nadie le va a privar la libertad de sus actos.
Entonces, ¿es justo que haya corrupción, violencia y maldad
en el sistema actual en el que gobernamos? No es justo, ni tampoco se puede
abandonar el sistema actual, ya que dependemos de cada individuo compuesto en él. Por lo tanto, la libertad idealizada, esa Utopía soñada, no puede darse. El
mal siempre estará en todas partes. Simplemente debemos vivir y sentir lo que
nos rodea siendo conscientes de que nosotros tomamos las decisiones, puesto que el
mal es un hecho existente e inevitable pero está en nosotros hacer de un mundo
mejor, enseñando y compartiendo la felicidad.
Todo lo ajeno a nuestra voluntad será un problema, un odio innecesario
que sumar.
Por: Adrián Corrales Cragg
A.C.C.