Su abrigo era el único abrazo que sintió ese día… un rayo de
sol iluminó su cara. De repente todo se convirtió en un instante eterno, un
instante petrificado. Miró al cielo, respiró hondo, cerró los ojos y una sonrisa
dulce se incrustó en su rostro. Olía a su Sevilla. Ah Sevilla… llevaba años sin
ver un cielo tan azul.
Cogió un papel arrugado que tenía en su abrigo, anotó algo.
Sonrió. Volvió a mirar al cielo sonriendo mientras recordaba su infancia en
esos patios de Sevilla, mientras la recordaba a ella o a ellas. Recordó a su
padre, a su abuelo, a su madre… su madre>>
Don Manuel todavía no podía creérselo. Cuando le dieron la noticia
no supo cómo reaccionar. Su hermano había muerto. <<Murió solo el
pobrecito, allí en Colliure, menudo frío… iba tan ligero de equipaje…>> Manuel sentía un dolor inmenso en su
pecho, su hermano ya no estaba con él… su hermano. Un señor muy fornido le dio
las pertenencias del difunto. Un abrigo y una cartera… tan solo eso. Manuel
palpó el abrigo, no se podía creer que su hermano no llevase nada más que eso.
Notó un papel arrugado, muy arrugado. Lo desdobló, ponía algo. Don Manuel sonrió como un niño chico al leer
los últimos versos de su hermano <<Estos
días azules y este sol de la infancia>> Manuel conocía esos días
azules, los conoció junto a su hermano.
A Antonio Machado.
Por Ixquic
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