sábado, 2 de noviembre de 2013

Dime que no fue verdad

Que en aquella tarde de agosto, donde amargos quedaban los posos residuales de mi café de costumbre en la terraza del bar. Yo, inconsciente a toda eventualidad que pudiera afectar a "lo nuestro", no sentía el más mínimo resquemor que en tus uñas se quedaba incrustado el yeso. Yo en la inopia y tú en el dualismo feroz de la duda entre traición y novedad. Mientras que nos ahogabas con las dudas de tu naturaleza propia. Me gritas, me inculpas, me odias, me escupes...

Por. S. H.

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