“[…] No sé por qué he contado esta historia.
Igual podía haber contado otra. Por mi vida, veréis cómo se parecen.” El expulsado, S. Beckett
Podría
aplicarlo todo el día, a todas horas. Sería como una vieja cotorra que nunca
calla. Diría ~ cuando nos encontramos en la calle y me dices “te echo de
menos”, entonces te correspondo con toda la afabilidad del mundo y te reitero
mi amor constante. Entonces juntos nos terminamos las frases.
Cuando
nos vemos por las noches-qué buena ocasión-, contadas las veces y sólo cuando
podemos por eso de las agendas. Por eso mismo será que este amor que nos
distancia nos une y follamos como un matrimonio viejo: te quejas de lo incómodo
que es hacerlo en el coche y qué lujo sería estar en la cama y salir de las
cinco posturas que tenemos memorizadas hasta en el orden. Pero claro, tengo que
repetirte como te lo dije la primera vez, mis padres no te aceptarían, nuestra
relación es imposible, sólo en la noche podemos tener nuestros esporádicos encuentros amorosos
–rencorosa te repito que parece que sólo me buscas para satisfacerte, porque no
me dejas acabar! ; y mira que tú sí que sabes tocarme, qué corridas las primeras
veces!
También
lo podría decir cuando en las fiestas nos vemos, llevas tu traje joven, las
siete copas de trago fuerte y las siete copas de vino dulce, es decir, una
mezcla del carajo. Entonces intercambiamos la mirada en una fracción de segundo
en medio de nuestros coros de bailarines
y bufones; nos reconocemos y realizamos
la pantomima:
E1:-Voy
a fumar.
E2:-Tomaré
aire.
E3:-¡Le
están partiendo la cara y es mi amigo, mierda!
E4:-Creo
que puede ser algo serio, quiero
conocerla mejor….
Y una
vez que despistamos a la turba y la imbécil de tu anillada amiga se pone a
hablar sobre tu guagua… es el momento.
Nos retiramos por los callejones, los más oscuros. Se nos hacen tan
agradables que parecen avenidas. Discutimos, porque tenemos que hacerlo,
eso de querer que nos entre todo el cuerpo por los ojos y no aguantar que el ruido nos amenace, las
miradas nos afecten y la luz nos ahuyente…-es bastante terrible, tendré que
decírtelo antes de que la dejes preñada con la segunda guagua. Vienen los
insultos, el deseo que no podemos refrenar y tu sed de dominancia, mis pocos
escrúpulos encontrados… Todo lo demás se va en esa otra discusión entre jadeos,
“hasta ahí”, “¡ya basta!”, “de la otra forma mejor”, luego ese tramo final donde todo parece que
va a terminar en muerte y los dientes se aprietan y olvidamos las palabras para
rugirnos…
”Buenas noches”, “hace tiempo que no te veía”,
“¡qué grande tu guagua!”…Sí, seguimos fingiendo. Tú con tu esposa, yo con el
amor.
No
olvidemos, porque es aun un estigma, que también podría decirlo cuando estamos
solos y nos reímos de tu chiste: ¡ella y
yo nos reímos tan complacidas y alegres! En nuestras reuniones podríamos
repetir ~ en coro, pero sin que ninguno alce la voz para no robarnos el
protagonismo que los tres nos merecemos. Cuando susurramos a uno la premura con
la que nos buscamos, mientras el otro mira y por no tener dos bocas –¡quién nos
mando siendo monobucales!- recompensamos al tercero con sumisión. En nuestro
juego trinitario tenemos que repetir a coro : ¡ ~!
No me
hartaría de repetirlo: “[…] No sé por qué
he contado esta historia. Igual podía haber contado otra. Por mi vida, veréis
cómo se parecen.” El expulsado, S. Becket
Nota: Guagua
significa bebé en Hispanoamérica (Argentina, Uruguay, Chile, Perú, Bolivia Ecuador
).
Por: Dionisos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario