En el aparato que transmite imágenes a distancia mediante ondas hercianas yo soy el protagonista.
Día y noche, me sentaba en mi sofá de segunda o tercera mano con una copa de alcohol. La secuencia se iba repitiendo. Al fin y al cabo, te terminabas acostumbrando a no ver nunca más la luz del sol. Bajé las persianas de la casa, eché las cortinas, pedí al supermercado que me trajeran la comida a casa. La botella de alcohol no podía faltar. Conforme avanzaba el tiempo, la posición del sofá iba cogiendo forma. No necesitaba a nadie. Estaba solo.
Todo comenzaba cuando encendía el televisor. Reality-show: no me cansaba de ver a doce protagonistas con mi nombre y ciento quince kilos de peso. Y yo les sonreía, les criticaba, aunque no había nadie más conmigo. Solo, solo, solo. Corazón: todos hablaban de mi, del personaje sin vida social que no vivía. Todos los críticos con mi cara, todos me representaban. Sabían la verdad. Yo me reía, lloraba, pero mi mirada, inconcebible, no reaccionaba.
Y cuando apagaba el televisor con el mando a distancia, me enfrentaba a él. Escuchaba la amenaza del silencio, se adueñaba del entorno y me veía solo, me veía solo, me veía solo... Pero dormía y la rutina volvía a comenzar.
Por: El guardagujas.
sábado, 31 de agosto de 2013
viernes, 30 de agosto de 2013
Lo que no ves
La sombra seguía acechándole como si de un miembro de su cuerpo se tratara.
Era la oscuridad misma, tenebrosa y fría. Él andaba por todos los callejones de ese pueblo, el pueblo de su abuelo, el pueblo de su infancia.
Mi abuelo siempre me decía que recordara cómo
se me erizaba el pelo con el frío veraniego de los pueblos, cómo sonreía al
disfrutar de una noche estrellada sin más ruido que el de las cigarras. Ahora
no era ese frío veraniego el que presenciaba sino, más bien, un aire
estremecedor.
La caminata a casa se le hacía cansada,
empezó a correr para ahuyentar a su perseguidor pero sentía cada vez más cerca
a su “yo”, su vida misma.
Cómo pondría sentir tanto miedo- se
preguntaba
Al llegar a casa se sintió liberado, cerró la
puerta con violencia y se sentó en el sofá. Ahora, en su propio hogar, se
sentía más solo que nunca. Nadie le
habló en todo el día y todos caminaban con tristeza, con amargura. Esa noche no
se escuchó nada en esa casa de campo.
Al día siguiente despertó y vio como todos se
alejaban hacia el cementerio. El espejo ya no recogía el sudor de su mano.
miércoles, 28 de agosto de 2013
Recuerdos
Una llamada me despertó.
Eran las 3 de la madrugada y yo no solía recibir llamadas a esas horas. Alcé la mano y cogí el teléfono.
-¿Diga?
Una
música sonó, una canción que mi madre cantaba para ir al dormir. ¡Era esa nana,
la nana que nos cantaba! No podía ser…
-¿Mamá?
El
ruido cesó y descolgaron
No podía dormir, por lo que me levanté, me
preparé un café y comencé a escribir un relato: “Los sueños son tan reales como
queremos que sean”.
-Visiónpoética-
martes, 27 de agosto de 2013
A través del espejo
Me peinaba a través del espejo, y en la distancia, todo parecía un recuerdo.
Aún sentía la presencia de mis amores pasados. Añoro cómo Arturo me traía las flores a la cama. Juan prefería hacerme el amor antes de tomarse el café con leche. Mario era más romántico que ellos dos: él me traía el desayuno, las flores y los orgasmos. Con él tuve tres niñas preciosas: Ana, Luisa y Nuria. Ya apenas vienen. Ahora soy la viuda de Mario y la madre de Ana, Luisa y Nuria. También soy abuela de nietas que no me visitan, pero las quiero igual.
Dentro del espejo todo se ve diferente. Veo continuamente a una anciana de avanzada edad a la que me cuesta reconocer. Cuando no está, Mario me suele decir desde la cama que le haga el amor. Y todos los días se repiten en mi habitación: ella se levanta, se peina y se marcha. Siempre la veo triste y anclada en la soledad. Puede que me sienta culpable, hoy me ha salido la primera arruga.
Por: El guardagujas.
Aún sentía la presencia de mis amores pasados. Añoro cómo Arturo me traía las flores a la cama. Juan prefería hacerme el amor antes de tomarse el café con leche. Mario era más romántico que ellos dos: él me traía el desayuno, las flores y los orgasmos. Con él tuve tres niñas preciosas: Ana, Luisa y Nuria. Ya apenas vienen. Ahora soy la viuda de Mario y la madre de Ana, Luisa y Nuria. También soy abuela de nietas que no me visitan, pero las quiero igual.
Dentro del espejo todo se ve diferente. Veo continuamente a una anciana de avanzada edad a la que me cuesta reconocer. Cuando no está, Mario me suele decir desde la cama que le haga el amor. Y todos los días se repiten en mi habitación: ella se levanta, se peina y se marcha. Siempre la veo triste y anclada en la soledad. Puede que me sienta culpable, hoy me ha salido la primera arruga.
Por: El guardagujas.
La herencia
Llovía copiosamente y esto provocaba todavía más su frustración.
Dejaba caer ceniza sobre la fotografía, fumaba y fumaba mientras revisaba esa foto detenidamente.
La lluvia nublaba su mente, pero
le acompañaba en ese momento de intranquilidad, de desasosiego. Sus manos,
jóvenes, cubiertas de sangre, inertes, sin vida.
Aquel
hombre había llegado a ser un estorbo. Un hombre apuesto, como los que ya no
quedan pero, al fin y al cabo, un estorbo para su nueva vida. Su padre nunca
aceptaría su relación, impúdica –gritaba- . No dejaba de escuchar la voz
desgarradora de su padre mientras le azotaba siendo todavía un niño
-Eres
un hombre, y como tal debes comportarte. Lo tuyo es una enfermedad y sanará
aunque sea a fuerza de golpes.
La
sangre comenzó a gotear por la foto hacia sus rodillas. No pudo más que suspirar
y asentar con la cabeza.
-¿Ahora
sí soy un hombre, papá?
lunes, 26 de agosto de 2013
Musitaba
La reconocí, era ella.
Después de tanto tiempo y de unos silencios incómodos, allí estaba, sentada, como si no hubiera pasado el tiempo.
Mi madre siempre me hablaba del
miedo a volar. Quizá era por mis sueños de ser un gran piloto y conocer nuevas
tierras. Fue un miedo que hizo a mi madre más protectora de lo normal.
Cuando giré la cabeza ya no
estaba. Mis pensamientos me nublaron y yo volví a recoger a mi esposa a la
salida de misa. Andaba cabizbaja como un
alma en pena esperando una vida mejor, que yo, obviamente, no le podía dar.
Andábamos un poco mal de dinero, como cualquier persona de esta ciudad.
Mi madre acabó por destruir mi
ensoñación diurna e hizo que me acercara a ellas para ayudarlas a bajar por esa
escalinata de la Iglesia del Rosario. Todavía reflejaba los daños de la Guerra
Civil y el sufrimiento de tantos después de muchos años de posguerra. Qué
tiempos de hambre y miseria, me decía.
-Visiónpoética-
-Visiónpoética-
Presentación
Este blog es un armario de puertas abiertas al mundo de la literatura. Un grupo de jóvenes estudiantes se unen para escribir microrrelatos. Viajaremos a la microestación, la parada que existe entre una estación y la siguiente. Mezclaremos la imaginación con escasas líneas para crear mundos, ideas o historias. Escritores muy diversos cuyos relatos serán totalmente diferentes entre ellos. Esperemos que os guste.
- ¡Viajeros al tren!
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