La reconocí, era ella.
Después de tanto tiempo y de unos silencios incómodos, allí estaba, sentada, como si no hubiera pasado el tiempo.
Mi madre siempre me hablaba del
miedo a volar. Quizá era por mis sueños de ser un gran piloto y conocer nuevas
tierras. Fue un miedo que hizo a mi madre más protectora de lo normal.
Cuando giré la cabeza ya no
estaba. Mis pensamientos me nublaron y yo volví a recoger a mi esposa a la
salida de misa. Andaba cabizbaja como un
alma en pena esperando una vida mejor, que yo, obviamente, no le podía dar.
Andábamos un poco mal de dinero, como cualquier persona de esta ciudad.
Mi madre acabó por destruir mi
ensoñación diurna e hizo que me acercara a ellas para ayudarlas a bajar por esa
escalinata de la Iglesia del Rosario. Todavía reflejaba los daños de la Guerra
Civil y el sufrimiento de tantos después de muchos años de posguerra. Qué
tiempos de hambre y miseria, me decía.
-Visiónpoética-
-Visiónpoética-
No hay comentarios:
Publicar un comentario