Él poesía una memoria curiosa, la cual solo le permitía recordarla
cuando le faltaban los delirios de otras carnes.
Y cuando el delirio era al fin su carne, él recordaba el de mil rostros.
Ella se marchó.
Él la siguió hasta la esquina.
Ella se volvió y él ya no estaba.
-"Corre, corre, pequeña" - se escuchaba retumbando entre las calles.
Nadie la vio correr.
Nadie la vio marcharse.
Por: Ester del Amor.
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