lunes, 4 de noviembre de 2013

Bostezos hechos de correspondencias baudelerianas

Querido profesor.

Puede que sea el rey de la selva en sus clases, y que hayan muchas nueces y muy poco ruido; pero no por ello merezco su odio, señor profesor. ¿He dicho señor? Quería decir capitán pirata, por eso de llevarnos en tu barca sin rumbo fijo e invitarnos a tu mesa, enseñarnos cada uno de los manjares que la coronan, y no dejarnos probar ninguno de ellos. Esa es tu especialidad, capitán pirata. ¿He dicho capitán pirata? Quería decir ingeniero de caminos, por eso de trazarnos en el suelo la misma rayuela cada año, deleitarnos con su magia primera, y no dejarnos limpiar el asfalto para volver a hacer claqué sobre otro tablado distinto. 

Siempre pensé que usted y yo vivíamos en la misma parte del día -quizá en la misma nube- pero hoy me he dado cuenta de que yo irradio un sol que no deja pestañear, y usted... usted vive en la una. Y no en cualquier luna, si me lo permite. ¿Pero sabe qué le digo? Pese a que haya habido un corte de luz mientras la tinta se abrazaba a la celulosa de mi correspondencia particular, he encendido un par de velas a la vieja usanza. Y lo siento, de veras, pero en este momento estoy por encima, incluso de mí.

Cecé

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