Son las 6,00. Suenan los cañones en el fondo del armario. Cinco tiros en mi espalda. Todo permanece oscuro. Son las 7,00. No miro más el reloj, pero siento que me estoy quedando dormido. Un libro se cae desde lo alto y lo reconozco. Son las 8,00. Aún me queda tiempo para seguir en la cama. He perdido el tren, veo a lo lejos cómo se pierde en el horizonte. Triste hombre, triste, triste. Son las 9,30. ¡Oh, no! ¡Me he dormido! Pero no tengo prisa, tengo tiempo suficiente para despertar, para vestirme, para el café de las 10,00 y para la lectura de las 10,30. Son las 8,30. Mis sueños me traicionan. Es temprano, definitivamente, puedo seguir soñando.
Por: El guardagujas.

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