Desde que salí de aquel banco mi vida cambió por completo. Allí estaba limpio, pulcro, inmaculado, virgen. Ahora viajo constantemente de un lugar a otro, de aquí para allá, sin parar. Por eso me siento tan sucio y manoseado. A veces permanezco en un sitio días y semanas, y otras...otras tardo minutos en teletransportarme a lugares completamente diferentes.
Sin embargo, es curioso. Antes nadie me hacía caso, estaba allí, tranquilo, rodeado de otros como yo; y ahora, la gente se pelea por tenerme, tocarme y usarme. Esa es la palabra: "usarme". La gente me mangonea como quiere, me cambia e intercambia; y ellos son felices así, haciendo conmigo lo que se les antoja. En ocasiones, cuando consiguen algo a cambio, me miran con cara de felicidad; otras veces veo en ellos cara de tristeza cuando ven que desaparezco ante sus narices.
Así vivo yo, en la incertidumbre de no saber si proporciono tristeza o felicidad. En la incertidumbre de no saber cuánto valgo.
Lector, no estés triste por mí, no es que tenga la autoestima baja, es que soy un simple billete de 20 euros.
B. A.
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